Cuando Gabriela Serrano llegó a la dirección del Instituto de Cultura de Zapopan, se sorprendió de que no existiera un reglamento de cultura; bueno, lo había, se encontraba en el Archivo Municipal y databa del año 2003, “ya no era vigente”.

Así que ella y su equipo se dieron a la tarea de establecer el propio, uno que estuviese adecuado a los tiempos y al crecimiento que el municipio ha tenido —y fue teniendo— en materia de cultura.

El resultado, tras año y medio de trabajo —porque hay que aclarar que los tres años de la gestión no se fueron es eso—, ya está a la vista: el reglamente se aprobó el 7 de agosto pasado y tras su piblicación el día 8 del mismo mes, entró en vigor, lo que significa que la siguiente administración —que pondrá manos a la obra en menos de una semana— tendrá un punto de partida para establecer el rumbo a seguir en esta área.

En entrevista, Gabriela Serrano asegura que se siente satisfecha con lo logrado: “Hicimos un trabajo con mucha conciencia, con mucho compromiso. Lo fuimos desarrollando en el camino, según detectamos las necesidades del Instituto”.

Y aunque sabe que “siempre todo sera perfectible” y el reglamento podría estar sujeto a nuevas modificaciones, reconoce que al menos ya se han dado los primeros pasos para andar con un rumbo más certero y con el compromiso de diversos entes para cumplir con lo que ya se ha establecido en el documento.

Entre estas directrices destaca el cumplimiento de un punto de gran valía que se establece en la Ley de Fomento a la Cultura y que, prácticamente, sólo lo ha cumplido Guadalajara: la conformación del Consejo Municipal para la Cultura y las Artes, un ente que se ocupará de “promover, difundir y preservar todas las manifestacipones culturales y cívicas, así como las tradiciones” del municipio.

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Serrano advierte que pusieron especial cuidado en establecer quién se integraría dicho equipo, pues “el Consejo es el enlace con las autoridades” y la oportunidad para el desarrollo de programas y estrategias de cultura, lo cual se incorpora a otro punto que destaca el reglamento: la presentación de planes de acción anuales, un compromiso que deberá asumir quien esté al frente del Instituto.

“Se tienen que hacer programas anuales, aunque en el camino siempre surgen proyectos (…) hay que hacer una evaluación y a partir de ello hacer cambios; lo fundamental es tener claros los objetivos”.

Un respaldo como garantía de permanencia

Gabriela Serrano detalla que durante su gestión se impulsó la creación de diversos grupos institucionales en torno a la danza, el teatro y el canto, los cuales se sumaron a los ya existentes en música. Sin embargo, reconoce que siempre resulta complicado mantenerlos.

El recurso va y viene y a veces ni siquiera llega, lo que ha llevado a muchos artistas a lamentar la falta de apoyo de las autoridades.

Ahora, con el reglamento, se espera que eso ya no ocurra. “Se les tiene que apoyar y mejorar las condiciones en que trabajan, eso ha sido fundamental para nosotros. Lo primero es que existan y que sigan existiendo”.

Advierte que la orquesta y el coro cuentan ya con recursos, pero —por ejemplo— Los niños cantores de Zapopan no tienen un monto asignado, sólo unas becas de apoyo, pero “habrá que ver cómo se les apoya”. Lo mismo en el caso del cuerpo de baile folclórico y clásico, así como la compañía de teatro. “La idea es cobijarlos”, puntualiza.

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En el caso de aquellos artistas que no son institucionalizados, Serrano explica que al menos durante su gestión sí se buscó ofrecer apoyos a través de coproducciones, las cuales podrían continuar en la siguiente administración, aunque habría que sumar a ellas otra forma de apoyo a través del “Fondo municipal para la cultura y las artes”.

Más vida al MAZ

El nuevo reglamento de cultura contempla también ciertas modificaciones en el Museo de Arte de Zapopan, todas ellas —claro— encaminadas a su mejoramiento.

Una de ellas —la fundamental— es la creación de un patronato que dé fuerza al espacio museográfico en temas que van desde la curaduría hasta la gestión de exposiciones y recursos, aunque ello no signifique que el municipio, a través del Instituto de Cultura, deje de hacerse cargo del espacio y le otorgue presupuesto para su mantenimiento.

El patronato —dice el reglamento— “debe ser acordado dentro de los siguientes 60 días siguientes a la aprobación”. De manera que hay mucha tarea para quien asuma la batura del instituto.

 

Fuente: EL INFORMADOR