Por Rigoberto Hernández Guevara

Cito de memoria las paredes viejas de la Iglesia. Iglesia de «Nuestra señora de las Nieves» que está en Palmillas, Tamaulipas. Me convocan las enormes puertas y las escaleras por donde uno se eleva del nivel de la tierra y entra al aposento, al olor a incienso aletargado, al humo de las velas sin barco, al tema de los sagrados óleos.

Cito la cúpula y la torre a un costado donde un tío trepa a desdoblar las campanas legendarias. Al pueblo bonito y callado que acude solemne.

Las campanas se escuchan en los pueblos vecinos, en los cinco ejidos, cerca de Jaumave, en los ojos de agua, en los cañones de la Sierra, tan íntima.

Construida en 1777, esta iglesia es la más antigua de Tamaulipas. Uno se acostumbra a ver la cúpula desde la carretera y si hacen un dibujo también saldrán los huizaches y mezquites, iguales que hace cien años.

En la cúspide le han colocado una cruz eléctrica y en el encendido parece una enorme vela. Por ahí pasaron los españoles y aquellos que se quedaron hasta la fecha con sus cosacos. Y el tiempo con sus huesos largos.

Uno agradece a la vista y al paisaje apastelado que se vislumbra por los cuatro puntos cardinales. Enfrente de la Iglesia la montaña casi se viene encima. En esa larga cordillera de la Sierra madre oriental, justo donde nace el río Guayalejo.

Desde la alta torre se pueden ver los columpios que han hecho los muchachos en los patios amplios. Se observa el pasado y el presente con un puente.

Cito de memoria las gruesas paredes, gruesísimas de sillar, las acaban de instalar para la eternidad. Los feligreses son mismos que se han visto con los ojos abiertos y cerrados, sin parpadear mientras platican con otro.

Hace años llegó a mis manos la llave que abría una puerta antigua y gruesa, pues mide 25 cm. Llave que durante muchos años abrió la puerta de esa Iglesia, no se sabe cuántos. Alguien la sostuvo durante la revolución y las guerras cristeras, tal vez las olvidó alguna vez en un pequeño casino del pueblo grande que fue Palmillas.

Antes no había barda perimetral en la Iglesia. Aunque dicen los viejos que hubo una de piedra. Hay fotografías que retratan la parte trasera del inmueble, la espalda del frontispicio, el silencio atroz donde no hay nadie o casi nadie. Entonces ya diste la vuelta a la Iglesia y has vuelto al presente. Es un gran cuadro del pasado con un marco del hermoso presente.

Frente a esta iglesia, entre danzas religiosas y fiestas paganas se hizo la historia del pueblo. Está ahi el panteón más antiguo y los Santos intactos. Desde luego está la Patrona del pueblo con advocación a «Nuestra señora de las Nieves», bien custodiada por los fieles.

En el patio habrá sitio para los danzantes y para las familias, para la comida de la mayordomía. Para los turistas habrá bancas y sillas cuando pase la pandemia.

Por mientras, las torres dejan pasar el aire y lo filtran con sus canciones bonitas y alegres. El viento es amable y bien fresco en la tarde, abriguese señora, señor, no le vaya a dar un aire.

Cito las calles empedrardas, por donde se llega a Roma y al cura que oficia esta misa de memoria. Convoco a ese pequeño puerto del desierto que es Palmillas. Con su vela y su cúpula blanca con un copo de neblina por la mañana en este mes de febrero de 2022 .

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