La exposición a la luz solar, el contacto con el agua del mar o el cloro de las piscinas, así como los cambios en el clima y la polución ambiental son agentes nocivos para la piel.

Por esta razón, es importante estar revisándola de forma permanente y tomar diversas medidas para su cuidado. No en vano, la piel es uno de los mayores órganos del cuerpo, que protege a este de los riesgos medioambientales, regulando su temperatura y permitiendo la percepción del tacto, según información de la compañía de salud Sanitas.

Para mantener una piel sana e hidratada, una de las mejores maneras es beber suficiente agua a lo largo del día, pues el cuerpo necesita reponer los líquidos que pierde, por lo que la recomendación es tomar entre dos y tres litros al día. El agua ayuda a que el cuerpo funcione bien, pues no en vano dos tercios del organismo humano son agua.

Este hábito evitará que la piel pierda elasticidad y flexibilidad de forma prematura, logrando así prevenir el envejecimiento y la aparición de imperfecciones en el cuerpo como las estrías.

La ingesta permanente de agua debe complementarse con una dieta que incluya nutrientes buenos para la dermis como la vitamina C, los antioxidantes y el omega 3.

Otra forma de hidratar la piel de manera natural y desde el interior es mediante el consumo de algunas infusiones como el té verde, la manzanilla, el romero o la lavanda o el té blanco. Todas ellas tienen propiedades ideales para mantener la piel saludable y humectarla desde las capas profundas hasta las superficiales.

Protección solar

Aplicar protector solar todos los días es clave, incluso si el clima está nublado o si se está en un interior, pues protege de las afectaciones de los rayos ultravioleta, luz del computador y cualquier contaminante que pueda afectar la piel. Según Natura de Brasil, contrario a la creencia popular, este producto debe aplicarse en todo el cuerpo, no solo en la cara. Esto evita que la piel adquiera un aspecto seco y apagado.

Otra forma saludable de hidratar y proteger la piel es con el uso de aceites esenciales. Entre los más efectivos para el cuidado de la piel tanto del cuerpo como del rostro están el de oliva, de almendras, de argán, de jojoba, el de rosa mosqueta y el de sésamo. Estos productos pueden aplicarse en la mañana o en la noche dándole a la piel una textura suave y rejuvenecida.

También se puede usar el aloe vera. Su gel es especial para hidratar la piel, regenerarla, limpiarla y combatir afecciones cutáneas como el acné, la psoriasis, los eccemas y las irritaciones. La sábila se puede aplicar en todas aquellas zonas del cuerpo que la persona quiera nutrir o reparar, así como elaborar una mascarilla facial a base aloe vera y extenderla por el rostro para darle lozanía.

Descansar lo suficiente

Los agentes antioxidantes que trabajan en el organismo alcanzan su máximo rendimiento durante el sueño. “Las sustancias perjudiciales que se han acumulado en los órganos del cuerpo durante el día deben ser eliminadas para que el cuerpo funcione correctamente”, asegura el portal Mejor con Salud.

Si la persona no duerme lo suficiente, el cuerpo no podrá eliminar las toxinas de forma eficaz, lo que hará que la piel luzca sombría y aparezcan arrugas de manera prematura. Una de las recomendaciones de los expertos es que si la persona sufre de insomnio, ingiera infusiones naturales que no solo ayudan a relajarse sino a hidratar el cuerpo, todo en beneficio de la piel. Otro consejo es consumir chocolate semiamargo, ya que provee antioxidantes que protegen la piel, además de ser un alimento que ayuda a conciliar el sueño.

Hacer ejercicio

La elasticidad y la tonificación de la piel se pierden con la edad. Una de las formas de mantenerla sana es haciendo ejercicio físico regularmente. Una técnica como el yoga puede ser tan beneficiosa como cualquier ejercicio muscular.

Según Sanitas, cuando la persona hace ejercicio incrementa el flujo sanguíneo hacia la piel, lo que implica que esta reciba de manera óptima los nutrientes y vitaminas esenciales. Por otra parte, el ejercicio tonifica los músculos, lo que ayuda a darle forma a la piel.