Por: Lic. Lourdes Buentello
¿Alguna vez te ha inspirado alguna persona? Algún familiar, o amigo, alguien en tu comunidad, algún líder, comunicador o maestro que cuando habla te conecta con tu esencia y poder interno, alguien lejano que ves en películas, ¿algún cantante que solo escuchas en la radio o en tu lista de canciones? o ¿podría ser alguien tan cercano que cuando estas en su presencia te sientes más tú, cómodo, dichoso de tenerlo/a en tu vida?
¿Te gustaría ser esa persona para tu pareja e hijos? ¿Para tus padres, o nietos? Pero, y ¿cómo? Para mi este ideal me ha taladrado desde que tuve a mi primer hijo, ha sido un ir en contra de mis inercias y formas aprendidas y heredadas que tanto me molestaban y que estaban siendo parte de mis modos a la hora de relacionarme con los demás. Por supuesto que también, mucho de lo que soy y valoro también proviene de mi infancia.
Entonces, ¿qué debía hacer? ¿Ser repetidora de lo aprendido o hacer los cambios que mi alma me estaba reclamando? Esto se hizo más urgente cuando escuché por primera vez que “las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra. No te preocupes porque tus hijos no te escuchan, te observan todo el día.” Así que, más que “tener” que ser un ejemplo para mis hijos, se convirtió en un “querer” ser un vehículo de inspiración… por supuesto para mi misma.
Esto se convirtió en una forma de ser y estar, no digo que mis actitudes poco amables y amorosas no estén, siguen saliendo de vez en cuando, solo que he aprendido que es fácil regresar a mi intensión cuando me la recuerdo.
Veo con satisfacción que he sido de inspiración cuando veo mis cualidades y las pongo al servicio de los demás, cuando me enfoco en verle cualidades a los demás, esto hace que la relación esté sostenida en confianza, abierta a la relación dejando fuera la desconfianza y la manipulación.
Ser un vehículo de inspiración y querer serlo, es un estilo de vida, un poner atención a quien quiero ser, es dejar fuera cualquier juicio, permitir que el otro sea quien quiera ser, estar donde quiera estar y si no me gusta, estar dispuesta a abrir la comunicación honesta y madura, ser más curiosa que impositiva, hacer preguntas para la toma de consciencia, y estar abierta a escuchar con el corazón, dejando fuera mis emociones para comprender con todo mi ser…No es fácil, las relaciones son complejas, y creo con convicción que quien ama (incondicionalmente) siempre encuentra la forma de inspirar e influir en el otro.
